Y
llegamos por fin a abordar un género mucho más libre y creativo: el reportaje, género
periodístico caracterizado por su enorme flexibilidad y riqueza expresiva. En
su elaboración se conjugan todos los elementos del lenguaje radiofónico, es
decir, palabra, música, efectos sonoros y silencios para contar una historia,
para exponer la investigación de un asunto en profundidad y/o para denunciar
algo de interés público. Podemos clasificar los reportajes radiofónicos
atendiendo al criterio más definitorio o, si quiere, más condicionante del
medio: la temporalidad. Así, en función del plazo de que dispongamos para
elaborar un reportaje y emitirlo, distinguimos entre el reportaje elemental, el
documental y el gran reportaje de investigación. El primero es más corto y, por
tanto, más sencillo de hacer. La investigación previa y el grado de profundidad
en el tratamiento de los temas es menor que el caso del reportaje documental o
el gran reportaje, donde se nos presenta una visión más amplia y global, más
estudiada y elaborada ¿La razón? Normalmente,
el grado de profundidad de un reportaje es fruto de la necesidad de responder a
la actualidad. Los reportajes documentales y gran reportaje de investigación no
están tan marcados por la inmediata actualidad sino que tienen un mayor tiempo
de reposo en todas las fases de su producción: la recogida de material, la
locutación el off y la postproducción.
También
conviene determinar si un reportaje es en directo o en diferido. El que es en
directo se constituye en el mismo momento de la emisión, bien de forma íntegra
o bien de forma parcial cuando además de las partes improvisadas emitimos piezas grabadas. El diferido permite el
montaje y una elaboración más cuidada a tenor de la distancia temporal respecto
de lo que se va a narrar, lo que posibilita precisamente el tratamiento más
controlado y depurado.
Los N.N (Ningún nombre)
En
la página web del certamen nacional Simón Bolivar se recoge la descripción de
este hermoso reportaje sobre los N.N de Colombia. Fue ganador del premio a la
crónica y reportaje Simón Bolivar 2013: Nadja
Drost, en esta conmovedora historia sobre los muertos sin nombre recogidos
del río Magdalena en Puerto Berrío, consigue que un tema ya
tratado por otros, reviva con mucha fuerza en nuestra conciencia. Con
un impecable trabajo de campo, y después de hallar varios personajes
impresionantes, la autora logra que los oyentes tengamos imágenes visuales
de lo que no hemos visto, a través de testimonios y sonidos.
La cronista está presente con voz propia, pero sin robarse el
protagonismo, e imprime a su historia un ritmo que no deja que decaiga el
interés gracias a su capacidad de empatía y a un gran trabajo de edición.
Elementos del lenguaje radiofónico
La
palabra cumple en el reportaje de los N.N (Ningún Nombre) una función
principalmente narrativa mientras que a la música le atribuyo una función sobre
todo expresiva, de potenciación del sentimiento. Los silencios son
esencialmente narrativos debido a que se usan para estructurar el relato. Los
efectos sonoros que jalonan todo el reportaje los considero funcionales en
tanto que respaldan la acción y ayudan a describir a los personajes;
descriptivos, a su vez, pues recrean los entornos en los que transcurre la
crónica de forma que hacen a los espectadores partícipes del contexto en el que
fue elaborado; y expresivos porque no se puede decir que sean elementos
meramente ambientales debido a que transmiten cierto estado de ánimo. El
reportaje remansa quietud, sensación de pesadumbre, de tristeza y de olvido acompañado
de un trasfondo de crítica de la situación del país.
Estructura
Apertura
del reportaje: Daniel Alarcón es quien introduce el tema, prepara al oyente
para lo que va a escuchar y señala el enfoque de la historia antes de delegar
narrativamente en Annie Correal. Veámoslo en el texto.
“En el norte de Colombia hay un pueblo
llamado Puerto Berrío. (Desde el principio, el oyente sabe dos cosas.
Primero, que le están presentando un relato y, segundo, que este transcurre en
Puerto Berrío). Allí, desde los años
ochenta, aparecen cadáveres flotando en las aguas del río Magdalena (aquí se
le cuenta el qué, qúe sucede en ese
pueblo, por qué van a hablar de él. Además, la imagen de cadáveres flotando en
un río es muy potente para el arranque),
cientos de cuerpos anónimos víctimas del conflicto armado. La periodista Nadja
Drost viajó allí para investigar la relación que se establece entre los vivos y
los muertos. (Se desvela el contexto y se explicita el enfoque, es decir,
el acento y el punto de vista de la crónica no va a estar en el conflicto
armado sino en la relación entre los vivos de Puerto Berrío y las víctimas
anónimas). Esta historia es narrada por Annie Correal. (Se indica el relevo
narrativo).
Hasta
el inicio de la frase que empieza por “La
periodista Nadja Drost” se escucha un fondo musical bajito, notas sueltas,
graves y separadas. A partir de esa frase, el sonido será ambiental. Escuchamos
por primera vez el sonido del agua del río Magdalena, y los crujidos de la
madera de las embarcaciones que se mecen en sus cauces…
Desarrollo
Según
la propuesta de Emma Rodero, la estructura de este reportaje sería una estructura de casos, aquel en el que se
presentan varias historias humanas que bien pueden ser paralelas o enfrentadas.
En “los N.N” las historias son paralelas, pues encontramos distintas personas
con una mirada similar hacia los N.N y hacia el problema social al que van
aparejados; están todas en el mismo lado de la moneda. Aunque esencialmente
tiene una estructura de casos, también se puede apreciar cierta estructura
cronológica ya que no es casual que la primera historia sea la del pescador,
que es quien encuentra los cuerpos, la segunda sea la del sepulturero, el que
los entierra posteriormente y las siguientes sean las de los devotos que
escogen un N.N del cementerio.
En
cuanto a cómo está hecho el reportaje, hay al menos tres cosas que destacaría:
- La banda sonora refuerza la palabra, entendiendo por banda sonora lo que no es voz: los sonidos caracterizan a los personajes y describen de una forma muy nítida lo narrado por la reportera. Es increíble la capacidad sensorial de los sonidos del reportaje. Le imprimen tal autenticidad que teletransportan al oyente al lugar de los hechos. Parece que, nosotros oyentes, estamos in situ en la barquita de Julio o recorriendo los pabellones de tumbas con Ramón, o charlando con María y Hayd sobre la N.N que comparten. Más que sonidos son imágenes. Es un día soleado en Puerto Berrío, un pueblo de unos 50000 habitantes. El sepulturero Ramón Morales abre el cementerio municipal. Sus anillos y collares reflejan el sol y las llaves del cementerio cuelgan de una cadena amarrada a su cinturón. Durante y después de la locución, se oyen los sonidos de la verja al abrirse, de los pasos tranquilos dirigiéndose a la puerta, del manojo de llaves de Ramón... ¿Quién no ha imaginado esa escena en su retina?
- El
protagonismo de los personajes y de sus palabras: La reportera
utiliza la primera persona para describir dónde se encuentra y qué le
cuentan los habitantes del pueblo colombiano. El estilo indirecto y una escueta
descripción de lo que ve, da paso a las voces de los verdaderos
protagonistas del relato. Sus declaraciones son la prueba de que todo lo
que nos cuentan es real. “Ramón me
lleva a un pabellón grande del tamaño de un bus. Son más de 300 tumbas,
una encima de otra. Esta es la sección reservada para la gente que no
puede comprar una tumba y para los cuerpos anónimos que llegan por el río.
La mayoría de las tumbas están pintas con las letras N.N…”La reportera
se calla. Sonido ambiente. Gradualmente, la voz de Ramón sube de volumen “están numeradas (…) este, por ejemplo,
Guillermo Zapata” Se intercalan comentarios de Ramón con la
explicación de las siglas a cargo de la periodista. Hay varios ejemplos de
este tipo que sugieren gran dinamismo y verosimilitud. La credibilidad está
en que lo cuentan los personajes y en el respeto al relato original, sin
cortes. Es decir, se incluyen las pausas gramaticales de los personajes,
las muletillas y otras expresiones coloquiales que en un reportaje
divulgativo-informativo no figurarían. Un ejemplo: “Le pregunto a Ramón qué sentido tiene rezar por un desconocido. Habla
la reportera. – Se dice que esas
personas que no conocen están desprotegidas, ¿sí?, que inclusive se
desconoce el nombre son los que más fácil hacen favores. Es la creencia
¿sí? Venga acá y le muestro. Aquí tenemos a Ramón al natural, sin
dobleces.
- Cómo una historia nos lleva a otra: sin que nos resulte
forzado, del río en el que -estábamos- estaba la periodista con Julio
pasamos al cementerio municipal de la mano de Ramón. La corriente del río
se funde con el sonido de la verja del cementerio aportando una sensación
de continuidad. Hay transiciones
más sencillas que otras en mi opinión. Pasar de hablar con María a la
historia de Hayd es relativamente fácil dado que tienen un claro nexo en
común: su N.N. En cambio la transición del enterrador Ramón a los devotos
de los N.N es más costosa y sin
embargo se resuelve de forma muy limpia y natural: Los registros son incompletos y los cadáveres están en un proceso
de movimiento constante. Pasan de un pabellón a una bodega, o en otros
casos, a una fosa común. Lo que sí se sabe es que la violencia ha menguado
en los últimos años y ya no hay tantos muertos como antes. Buenas noticias
para Colombia, sin duda. Pero para los devotos de los N.N, esto trae más
de una complicación. Hay mayor demanda de N.Ns que cuerpos. A veces, hasta
hay que compartir. Termina la locución y unos segundos de la misma música
de la apertura nos depositan en la historia de María. Soberbio.
Cierre
del reportaje: La conclusión a la que nos lleva el reportaje podría
resumirse en la frase de la reportera “aquí
la gente no podía confiar en la vida. Entonces optaron por confiar en los
muertos”. Lo dice después de hablar de los N.N y justo a continuación de haber
abordado la creencia y el culto de los N.N por parte de los habitantes de
Puerto Berrío. Seguidamente, oímos la melodía que ya escuchamos en varias
ocasiones y el sonido ambiente, de la calle, el tráfico, el movimiento...Estamos
en la ciudad, en el centro neurálgico. A estas alturas, aún quedan dos minutos
y medio de reportaje, pero es el inicio del fin; es donde se ancla la segunda
parte de la historia personal con la que se va a cerrar. La periodista retoma
el testimonio de Nuri, una madre a la que le desaparecieron sus hijos y
trasladaron a su N.N una fosa común. El objetivo de volver a Nuri ahora es
transmitir precisamente el mensaje de que en ese lugar se confía antes en los
muertos que en los vivos. En presente y en futuro. Muestra de ello es Nuri que
sigue creyendo en los N.N porque necesita seguir pidiendo-¿Usted querría tener otra vez un N.N? Sí, porque sigo pidiendo. Ahora tengo que seguir pidiendo por
mí. Por último, la reportera acompaña a Nuri al cementerio y presencia cómo
la mujer escoge un N.N. Luego, se compromete con él a cambio de que le ayude en
lo que le pide y pinta la tumba con una brocha. El sonido de la brocha pintando
la pared se suma a la melodía triste, apagada, bucólica que el oyente lleva ya reconoce
porque ha sonado en diferentes momentos desde el inicio. La voz de Daniel
Alarcón despide el reportaje: “Nadja
Drost vive en Bogotá. Es periodista para Global Post y varios medios
internacionales. Radio ambulante busca descubrir las historias de América
Latina. Grabamos en Praga, en San Francisco, en California. Para escuchar más
visita nuestra página web radioambulante.org.”
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