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jueves, diciembre 11, 2014

ENSAYO SOBRE ARTE RADIOFÓNICO



En este ensayo, me propongo a analizar dos piezas de arte radiofónico que formaron parte de dos programas distintos de Iberwave emitidos el verano pasado y disponibles en la web http://www.kunstradio.at/ . Después, profundizaré en la base teórica del género del radio-arte, basándome en las lecturas sobre Arte radiofónico que tenemos en el Aula global de la asignatura de Taller de Radio.

Análisis de “El baño de Frida”

La primera pieza se titula “El baño de Frida” y su autor es Manuel Rocha. Fue emitida en el programa “Referentes/Translations” del 14 de julio de 2013 y tiene una duración de ocho minutos y medio. En la página web de kunstraradio, Rocha realiza un pequeño comentario de su obra. He aquí el extracto original en inglés:
Extracto descriptivo de la obra de Manuel Rocha.

After Frida Kahlo´s death in 1954, her husband Diego Rivera decided to close two bathrooms with objects and documents belonging to Frida. In 2004 the rooms were reopened. One of these spaces was photographed by Mexican photographer Graciela Iturbide, using some of Frida´s objects stored there, such as here crutches, a Stalin poster, a dissected turtle, an apron with blood, etc.
In this sound work I was trying to create a sort of Frida´s portrait, specifically in the context the that small space where she would hide (her private bathroom), and where there was only a bath tub and two small pieces of wooden furniture.
This is not the Frida that suffers, but the Frida still child that lets her self go, travelling (thanks to the effect of water) to the most profound subconscious space of her psyche. My composition is equally inspired in the surrealist painting “Lo que el agua me dejó” (“what the water left me”), realized in 1938, where Frida is inside the bath tub filled with water, where different beings like insects, the empire state building, a volcano, Frida´s parents, etc, grow from within. All these icons are related to the internalization of her intense and complex life.

En resumen, el autor trata de recrear un baño de la célebre artista mejicana Frida Kahlo a partir del cuadro que ella mismo pintó en 1938 y tituló “Lo que el agua me dejó”, expresión icónica de su intensa y compleja vida personal.


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En los primeros 45 primeros segundos hasta que identificamos el sonido del agua,  escuchamos diversos efectos sonoros que construyen el trayecto y las acciones de una persona que se dirige al cuarto de baño (suena una puerta al abrirse, hay movimientos como de arrastre de objetos e incluso otros menos contundentes que podrían ser de manipulación de tejidos). Pese a que no hay un hilo conductor que nos lleve de una acción a otra- no hay pasos ni se percibe una dimensión espacial que nos de información sobre el lugar, la distancia recorrida o la superficie en la que se producen- doy por sentado que hay un cambio de escenario por el sonido de la puerta. A estas acciones, desprovistas de todo sonido articulado, le acompaña una música de suspense que genera un estado de tensión, no muy pertinente en el contexto desde mi punto de vista. Casi parece que a quien se dirige al baño le acecha un peligro en la bañera o a lo largo de ese baño.

A medida que los sonidos acuáticos van ganando protagonismo, la música se  hace más tenue, es casi inaudible. Tras el del goteo intermitente del grifo, escuchamos el sonido de alguien que ya está dentro de la bañera. Es decir, ha habido un salto temporal, una elipsis narrativa en la que Frida-el personaje que se da ese baño- habría pasado de observar el goteo del grifo a estar dentro del agua. Lo percibo así  puesto que la siguiente unidad sonora que relaciono con el agua se asemeja al sonido de alguien que saca una mano que tiene sumergida para enjabonarse o simplemente para chapotear en la superficie. A continuación, un tercer sonido acuático se suma a los ya mencionados con el fin de provocar la sensación de inmersión. Creo percibir las burbujas de aire que se forman cuando respiramos bajo el agua y el aumento de la presión que hace que escuchemos todo más reverberado y lejano bajo el agua.

A partir del minuto y medio, la música de tensión recupera el primer plano y acelera su ritmo, manteniéndose alta en intensidad. Aparece también un elemento nuevo, que se asemeja a un campo de grillos. El efecto de submarino, como de encontrarse apresado en una bóveda submarina, también persiste, acentuando la sensación de asfixia y de aislamiento, quizá en paralelismo con la compleja y difícil vida de Frida Kahlo. Esta estuvo marcada por dos hechos: un gravísimo accidente que tuvo a los 18 años y la continua infidelidad de su esposo el muralista Diego Rivera.

Durante los dos minutos siguientes, Frida estaría enjabonándose, mojando la esponja y sacándola del agua chorreando en sucesivas ocasiones. El sonido de grillos se impondrá a los submarinos, es decir, los sonidos naturales lo harán a los acuáticos. Así, parece que nos distanciamos del cuarto de baño y nos trasladamos a la meseta Mejicana: se oye el silbido de algún pájaro autóctono, quizá un mirlo, un jilguero o un clarín mejicano que repite sin cesar la misma secuencia.

El fondo musical se torna más grave y adquiere más presencia, más cuerpo. A su vez,  crece su carácter enigmático y de alerta ante un peligro perentorio. Sospecho que esta misteriosa vorágine emerge de una recóndita gruta o de un profundo acantilado donde confluyen las aguas del océano y la brisa marina rebota en las paredes de la erosionada piedra formando bucles ascendentes de “aire húmedo”. En todo caso, es claro que volvemos a encontrarnos con el elemento del agua, el que ejerce de hilo conductor de la obra sonora.

Hacia el minuto 5’07 irrumpe otro sonido novedoso que termina por devolvernos al espacio del cuarto de baño de Frida. No obstante, esto no sucede de una manera directa, pues requiere de una transición, un periodo de reflexión para unir un sintagma con otro. Lo que es indiscutible es que se trata de un reguero de agua, de agua en circulación y me decanto por pensar que se trata de un río. Mi imaginación, que previamente me había depositado al borde de un acantilado, hace que me incline por un torrente natural que busca desesperadamente la salida a mar abierto antes que algo que luego veré como obvio. Entonces evoco el dibujo de un delta. Luego, agudizo el oído y trato de abstraerme. Busco referencias sonoras en mi archivo personal que puedan resultar coherentes. Al cabo de un rato, ¡Eureka! Resuelvo que no es un torrente que converge en mar abierto sino que es mucho más probable que sea el agua sucia, mezclada con restos de jabón que se está fugando por el desagüe de la bañera. Pienso en Frida Kahlo levantándose medio traspuesta, mientras, desnuda, contempla con cara de estupefacción como, a medida que baja el nivel del agua, la bañera se va vaciando. Primero puede apreciar sus tobillos, después ve cómo emerge el empeine de sus pies y,  por último,  los dedos. “Lo que el agua me dejó/me dio” es una representación fidedigna de la realidad de Frida a través de su propia mirada. Sin embargo, cuando el poeta surrealista francés André Breton vio la pintura inacabada de Frida "Lo que el agua me dio", el auto-retrato metafórico de lo que la vida le había dado - flotando en el agua de la bañera - inmediatamente la calificó de surrealista innata y ofreció el mostrar su trabajo en París.

Con Frida bañada, la narración está, previsiblemente, llegando a su fin.  Hacia el minuto 6’30 se producen interferencias que bien podrían ser las interferencia radiofónicas que se producen cuando la señal es defectuosa o cuando al ir en coche entramos en un túnel  y falla la conexión, o cuando sintonizamos una emisora de forma manual… Pero, nuevamente, desconfío de mi percepción a favor de las impresiones que me sugieren los sonidos con arreglo a la situación que nos ha planteado Manuel Rocha. Él trata, empero, de recrear un baño de la artista Frida Kahlo buscando la inspiración en su cuadro titulado “Lo que el agua me dejó”, por lo que, puestos a conjeturar en esta apasionante tarea de desentrañar los porqués de los sonidos, me atrevo a apostar que el final no es tan siquiera real sino que es una dramatización en aras de simular metafóricamente la angustiosa percepción de vacío y soledad de la artista en consonancia con el vaciamiento de la bañera. 


Análisis de “Encuentros en la escalera”

La segunda pieza que me escogido para analizar se titula “Encuentros en la escalera blanca” y es mucho más sencilla que la de “el baño de Frida” desde el punto de vista narrativo. Si en la primera, se evidenciaba un montaje técnico importante por parte del artista, en esta se retransmite un paisaje sonoro en bruto, captado directamente por la grabadora de su autor Pedro Garbellini. El programa en el que fue emitida se llamó “Soundscape”, grabado el 21 de julio de 2013. No obstante, la obra data de 2012 y tiene una duración de dos minutos y medio. 

Extracto descriptivo de la obra de Pedro Garbellini

I've never get so much in contact with my building like I've had when recording those audios. The meetings with people, neighbors, in the stairs was very funny. Also, i'm not very proud of, but, in silence, I recorded people in their houses, through their door. And that was really nice! for me, being a very curious man, to listen people eating, watching television, arguing and laughing. A lot of knowledge of the place i live, the people and their habits. Also, it made me noticed the fact that every 3 minutes a plane passes here! 10 years living here and never noticed that, pretty crazy no?

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Se inicia la narración con unos cánticos de pájaros que nos remiten a un momento concreto de la jornada: la mañana. La organización temporal del relato nos sitúa, por tanto, en un momento y la organización espacial, lo cronológicamente posterior, en un lugar preciso: el portal de un bloque o un edificio comunitario. Escuchamos voces humanas, el murmullo de animadas conversaciones entre vecinos. No puedo saber qué dicen porque no hablan en español y no percibo el acento, pero la palabra será un elemento que, junto a los efectos sonoros y los ruidos que conforman este paisaje sonoro del autor, tendrán vital importancia. Más adelante, las voces suenan nítidas y puedo discernir que hablan en portugués.
La atmósfera que se recrea es más cercana y mundana que la de la anterior pieza, que tenía ciertos elementos surrealistas o enigmáticos. Los sonidos cotidianos, que normalmente nos rodean pero que nunca nos tomamos la molestia de grabar, están presentes en toda la narración. Escuchamos sonidos de las televisiones de los vecinos, de pasos subiendo y bajando las escaleras, que se acercan y se alejan, de puertas abriéndose y cerrándose, de llaves…Estamos siendo testigos de lo que sucede una mañana cualquiera en la escalera del narrador, un narrador intradiegético que intervendrá (desde dentro) en el segundo 47 para identificarse como ese testigo que estaba escuchando lo que sucedía en silencio, sin tomar parte hasta este instante. Los sonidos de la escena, las voces de los vecinos que interactúan entre sí sonarán al mismo tiempo que oyen ruidos de fondo simultáneos: hay sonidos de platos, quizá de una cacerola con agua hirviendo, sonidos de la calle, sonidos de la naturaleza como la lluvia o los ladridos lejanos de un perro…
En la última parte, el protagonista/narrador se cruza con una vecina de forma inesperada, pues esta exclama “qué susto”. Por la jovialidad y energía que irradia, diría que se trata de una chica joven. A continuación, apreciamos una música a baja intensidad, como si procediera de otro piso o fuera grabada desde lejos y más sonidos de ambientación “hogareña”. Por último, pasa a primer plano una melodía, algunas notas sueltas, separadas en el tiempo y carentes de ritmo o frecuencia fija. Podrían ser emitidas por un instrumento metálico como es el xilófono, que estaría tocado por un músico amateur, cuando no por un niño curioso que enreda con los cachivaches que encuentra.

Este paisaje sonoro es la caricatura de la escalera del narrador, el ambiente cotidiano de los habitantes de esas viviendas, el ajetreo mañanero, la gente subiendo y bajando, entrando y saliendo, haciendo las tareas del hogar, viendo la tele o charlando con sus compañeros de piso… Son esos encuentros casuales de escalera, similares a las conversaciones de ascensor sobre el tiempo que hace o las reiterativas recomendaciones de madre. Sonidos, tan frecuentes en definitiva, que nadie considera importante guardar ni recordar en un futuro, tal y como hacemos con las imágenes en nuestros álbumes de fotos.
 


ARTE RADIOFÓNICO

Tras la escucha atenta de estas dos obras sonoras, el oyente es capaz de aventurar las principales características del arte sonoro y esbozar un primitivo concepto de este género.  

Lo primero que se deduce es que estamos ante un discurso conscientemente elaborado, pensado para ser escuchado con atención, con el reposo y la contemplación que requieren las obras de arte.  Al mismo tiempo, apreciamos que el discurso se vale de los mismos elementos del lenguaje radiofónico que hemos visto a lo largo de todo el curso, puesto que utiliza signos orales verbales (la palabra), musicales (la música), sonoros (efectos sonoros) y silencios (esas ausencias de sonido que son susceptibles de crear significado). El discurso contiene, por tanto, informaciones de tres tipos: lingüística, cuyo valor es semántico, para-lingüística, articulada mediante sonidos naturales o sonidos artificiales o no codificados, e información no lingüística como es la música y el ruido.
Llegados a este punto y sabiendo que el canal y los componentes del arte radiofónico son los mismos que los del resto de géneros, la siguiente pregunta que hay que hacerse es dónde radica, entonces, la singularidad del arte radiofónico, cuándo estamos ante una obra de arte sonoro.

Manuel Rocha dirá que toda manifestación del arte que utiliza el sonido como principal vehículo de expresión está relacionada con el arte sonoro y que necesita estar en constante cambio y auto cuestionamiento para que no se convierta en una disciplina definida a partir de algunos parámetros técnicos rígidos y escuetos. En su aproximación al término señalará a las artes plásticas como las precursoras del arte sonoro. Así, en su escrito “Arte Sonoro. Hacia una nueva disciplina”, antes de abordar el audio arte, habla de esculturas e instalaciones sonoras, en primer lugar. Luego, en la categoría de obra sonora incluirá a todas aquellas manifestaciones cercanas al mundo de la música o que pueden tener que ver con la expresión de ideas a través del sonido. De las radiofónicas enfatiza lo obvio, sin entrar en detalles: son obras que las que han sido creadas para transmitirse por la radio.

José Iges, artista y compositor madrileño, afinará el concepto, aportando también las claves para entender el arte radiofónico. En su ensayo titulado “Arte radiofónico. Algunas líneas básicas de reflexión y de actuación”, a radio le pone el calificativo de sensaciones, la hecha por artistas que aprovechan las posibilidades expresivas inherentes al medio para la producción artística. Es el resultado de hacer radio con criterios estéticos y de crear arte teniendo en cuenta lo específico de la radio. Con el fin de captar su esencia, el autor aconseja abstraerse de la obra puesto que notar las sensaciones que quiere transmitir el artista, implica distanciarse de la obra, al igual que cuando vemos un cuadro en un museo. Lo miramos desde un lado, desde otro, de cerca y de lejos hasta que nos hacemos una composición.

Al hacer radio se construyen imágenes mentales infinitas que funcionan como la prolongación de nuestro sentido del oído y de la voz. El hecho de escuchar es algo innato en el ser humano, que se encuentra inscrito en nuestros genes como un modo de percibir el mundo que nos rodea. Sin embargo, a lo largo de la historia, el sonido ha perdido valor frente la palabra, el paisaje sonoro se desdibuja frente al discurso y su significado. Sol Rezza acusa a los humanos, al individuo tecnológico, de haber descuidado el mundo sonoro, un elemento que nos puede hablar de la identidad de una comunidad, y que despreciamos arrinconándolo en el cajón de “los ruidos”. Precisamente la construcción del discurso del radio-arte se basa en escuchar atentamente nuestro mundo sonoro para expresarlo con libertad. Y en la expresión libre del artista, en el proceso de construcción de las imágenes mentales mencionadas, asistimos a la abstracción de una vivencia de su contexto semántico. El discurso verbalizado pasa a convertirse en puro sonido y generar otros significados. A lo que la palabra daba nombre y cualidades explícitas, se le pueden dar otras interpretaciones- “otros pensamientos para esos objetos” en palabras de Duchamp- Así, desaparece la función informativa predominante en la radio y la hegemonía de la palabra en virtud de la función sensorial, es decir, de los sonidos que provocan sensaciones.

Marshall McLuhan, célebre teórico en el campo de la comunicación y al que se le atribuye la famosa cita “El medio es el mensaje”, creía en la potencialidad de los medios de comunicación para adoctrinar a las masas mediante sus formas de enunciación, no sólo a través de sus enunciados. Los medios no son inocentes instrumentos de representación del mundo o portadores mensajes, bien al contrario. Son mensaje en tanto que configuran un auténtico código de comprensión cultural. Cuando se elabora un discurso para la radio hay una mediación entre la realidad y lo representado, existe una negociación de sentidos entre sujetos. Gracias al consenso a la hora de seleccionar temas y combinar los elementos del lenguaje, se configurarán determinados discursos y espacios que reconocemos como géneros autónomos en la radio. Con su acción consciente en el medio, el artista busca veces muchas romper estos esquemas preconcebidos, a fin de dar al contenido de su propuesta una mayor capacidad de “extrañamiento”. La estrategia comunicativa de “interferir” en la parrilla de programación, alterando los contenidos y las formas bajo las que se nos presentan los mimos, produce un extrañamiento en el oyente- una sorpresa si se quiere llamar así- que conlleva el forzoso cuestionamiento de su manera convencional de decodificar los mensajes. Dicho de otra manera, aunque tomando como base las apreciaciones de José Iges,  una de las repercusiones buscadas por el arte sonoro en la radio es la creación de “espacios para la otredad”, reformulaciones estéticas de los géneros propios.

Esta existencia de espacios novedosos y la abstracción a la que me referí en el párrafo anterior, aumenta las probabilidades de que necesitemos escuchar las obras sonoras más de una vez para identificar qué es lo que suena y qué se nos quiere contar. Esto se produce por desconocimiento, porque no estamos familiarizados con los sonidos, porque el montaje no permite decodificarlos o porque, simplemente, han sido colocados junto a otros que nos distraen al no vincularlos jamás en el mismo contexto. Asimismo, la mezcla de formatos y el enmascaramiento de alguno de ellos bajo otras apariencias pueden llevar a confusiones en una audiencia que no está familiarizada con la innovación en las emisiones de radio. Un ejemplo paradigmático fue la ficción de Orson Welles de la Guerra de Los Mundos, contada como si fuera una crónica. En la actualidad, los géneros publicitarios son los que más se atreven a interferir y experimentar en este sentido. De todas formas, conviene recordar que la publicidad persigue fines comerciales frente al arte sonoro que es pura expresión, y además contribuye a financiar los canales en los que se emite. Su presencia, con independencia de la forma que adquiera, está justificada en términos económicos.

Lo que no nos queda tan claro es la pertinencia del arte radiofónico en broadcast, donde priman los contenidos informativos y la programación está condicionada a la fugacidad del medio, al tiempo presente de la emisión y a la lógica del beneficio imperante en todos los medios de titularidad privada. Estos inconvenientes intrínsecos que posee la radio, sumados a la pérdida del hábito de la escucha por efecto de la desaparición de la radio cultural,  dejan al radio-arte en un lugar de desventaja frente a otros géneros. Por ello, a nadie extraña que se haya fomentado muy poco en la radio comercial europea.

Sin embargo, el panorama actual es bien distinto desde la aparición de Internet y las nuevas formas de producción y reproducción. El oyente es dueño y señor de  todo lo que escucha: escoge qué y cuándo va a escuchar un contenido, configura su playlist de podcast a la carta. El podcast ha inmortalizado los contenidos radiofónicos que se suben a la red, de forma que el consumidor puede escuchar una pieza las veces que quiera o  escuchar sólo el fragmento que decida. Se ha eliminado, por tanto, la condición sine qua por la que todo contenido radiofónico era efímero.


Con todo, parecería que, por un lado, la radio on demand, dadas sus posibilidades de escucha personalizada, se postula como la mejor opción para escuchar radio-arte en el presente y en el futuro próximo y, por otro lado, la acción personal de cada individuo concienciado acerca de la importancia de preservar nuestro entorno sonoro, y dispuesto a dar testimonio del mismo, sería la forma de cultivarlo y perpetuarlo.  




Bibliografía. 
Textos consultados


  • ROCHA, Manuel: Arte Sonoro. Hacia una nueva disciplina
  • Sobre el discurso radiofónico
  • IGES, José: Arte radiofónico. Algunas líneas básicas de reflexión y actuación
  • REZZA, Sol: El oficio del cuidador de sonidos

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