En este ensayo, me
propongo a analizar dos piezas de arte radiofónico que formaron parte de dos
programas distintos de Iberwave emitidos el verano pasado y disponibles en la
web http://www.kunstradio.at/ . Después, profundizaré en la base teórica del
género del radio-arte, basándome en las lecturas sobre Arte radiofónico que
tenemos en el Aula global de la asignatura de Taller de Radio.
Análisis
de “El baño de Frida”
La primera pieza se
titula “El baño de Frida” y su autor es Manuel Rocha. Fue emitida en el
programa “Referentes/Translations” del 14 de julio de 2013 y tiene una duración
de ocho minutos y medio. En la página web de kunstraradio, Rocha realiza un
pequeño comentario de su obra. He aquí el extracto original en inglés:
Extracto
descriptivo de la obra de Manuel Rocha.
After
Frida Kahlo´s death in 1954, her husband Diego Rivera decided to close two
bathrooms with objects and documents belonging to Frida. In 2004 the rooms were
reopened. One of these spaces was photographed by Mexican photographer Graciela
Iturbide, using some of Frida´s objects stored there, such as here crutches, a
Stalin poster, a dissected turtle, an apron with blood, etc.
In this
sound work I was trying to create a sort of Frida´s portrait, specifically in
the context the that small space where she would hide (her private bathroom),
and where there was only a bath tub and two small pieces of wooden furniture.
This is
not the Frida that suffers, but the Frida still child that lets her self go,
travelling (thanks to the effect of water) to the most profound subconscious
space of her psyche. My composition is equally inspired in the surrealist
painting “Lo que el agua me dejó” (“what the water left me”), realized in 1938,
where Frida is inside the bath tub filled with water, where different beings
like insects, the empire state building, a volcano, Frida´s parents, etc, grow
from within. All these icons are related to the internalization of her intense
and complex life.
En
resumen, el autor trata de recrear un baño de la célebre artista mejicana Frida
Kahlo a partir del cuadro que ella mismo pintó en 1938 y tituló “Lo que el agua
me dejó”, expresión icónica de su intensa y compleja vida personal.
_____________
En los
primeros 45 primeros segundos hasta que identificamos el sonido del agua, escuchamos diversos efectos sonoros que
construyen el trayecto y las acciones de una persona que se dirige al cuarto de
baño (suena una puerta al abrirse, hay movimientos como de arrastre de objetos
e incluso otros menos contundentes que podrían ser de manipulación de tejidos).
Pese a que no hay un hilo conductor que nos lleve de una acción a otra- no hay
pasos ni se percibe una dimensión espacial que nos de información sobre el
lugar, la distancia recorrida o la superficie en la que se producen- doy por
sentado que hay un cambio de escenario por el sonido de la puerta. A estas
acciones, desprovistas de todo sonido articulado, le acompaña una música de
suspense que genera un estado de tensión, no muy pertinente en el contexto
desde mi punto de vista. Casi parece que a quien se dirige al baño le acecha un
peligro en la bañera o a lo largo de ese baño.
A
medida que los sonidos acuáticos van ganando protagonismo, la música se hace más tenue, es casi inaudible. Tras el
del goteo intermitente del grifo, escuchamos el sonido de alguien que ya está
dentro de la bañera. Es decir, ha habido un salto temporal, una elipsis
narrativa en la que Frida-el personaje que se da ese baño- habría pasado de
observar el goteo del grifo a estar dentro del agua. Lo percibo así puesto que la siguiente unidad sonora que
relaciono con el agua se asemeja al sonido de alguien que saca una mano que
tiene sumergida para enjabonarse o simplemente para chapotear en la superficie.
A continuación, un tercer sonido acuático se suma a los ya mencionados con el
fin de provocar la sensación de inmersión. Creo percibir las burbujas de aire
que se forman cuando respiramos bajo el agua y el aumento de la presión que
hace que escuchemos todo más reverberado y lejano bajo el agua.
A partir
del minuto y medio, la música de tensión recupera el primer plano y acelera su
ritmo, manteniéndose alta en intensidad. Aparece también un elemento nuevo, que
se asemeja a un campo de grillos. El efecto de submarino, como de encontrarse
apresado en una bóveda submarina, también persiste, acentuando la sensación de
asfixia y de aislamiento, quizá en paralelismo con la compleja y difícil vida
de Frida Kahlo. Esta estuvo marcada por dos hechos: un gravísimo accidente que
tuvo a los 18 años y la continua infidelidad de su esposo el muralista Diego
Rivera.
Durante
los dos minutos siguientes, Frida estaría enjabonándose, mojando la esponja y
sacándola del agua chorreando en sucesivas ocasiones. El sonido de grillos se impondrá a los submarinos, es decir, los sonidos naturales lo harán a los
acuáticos. Así, parece que nos distanciamos del cuarto de baño y nos
trasladamos a la meseta Mejicana: se oye el silbido de algún pájaro autóctono,
quizá un mirlo, un jilguero o un clarín mejicano que repite sin cesar la misma
secuencia.
El
fondo musical se torna más grave y adquiere más presencia, más cuerpo. A su
vez, crece su carácter enigmático y de
alerta ante un peligro perentorio. Sospecho que esta misteriosa vorágine emerge de una recóndita gruta o de
un profundo acantilado donde confluyen las aguas del océano y la brisa marina
rebota en las paredes de la erosionada piedra formando bucles ascendentes de
“aire húmedo”. En todo caso, es claro que volvemos a encontrarnos con el elemento
del agua, el que ejerce de hilo conductor de la obra sonora.
Hacia el minuto 5’07 irrumpe otro
sonido novedoso que termina por devolvernos al espacio del cuarto de baño de
Frida. No obstante, esto no sucede de una manera directa, pues requiere de una
transición, un periodo de reflexión para unir un sintagma con otro. Lo que es
indiscutible es que se trata de un reguero de agua, de agua en circulación y me
decanto por pensar que se trata de un río. Mi imaginación, que previamente me
había depositado al borde de un acantilado, hace que me incline por un torrente
natural que busca desesperadamente la salida a mar abierto antes que algo que
luego veré como obvio. Entonces evoco el dibujo de un delta. Luego, agudizo el
oído y trato de abstraerme. Busco referencias sonoras en mi archivo personal
que puedan resultar coherentes. Al cabo de un rato, ¡Eureka! Resuelvo que no es
un torrente que converge en mar abierto sino que es mucho más probable que sea
el agua sucia, mezclada con restos de jabón que se está fugando por el desagüe de
la bañera. Pienso en Frida Kahlo levantándose medio traspuesta, mientras, desnuda,
contempla con cara de estupefacción como, a medida que baja el nivel del agua,
la bañera se va vaciando. Primero puede apreciar sus tobillos, después ve cómo
emerge el empeine de sus pies y, por
último, los dedos. “Lo que el agua me
dejó/me dio” es una representación fidedigna de la realidad de Frida a través
de su propia mirada. Sin embargo, cuando el poeta surrealista francés André
Breton vio la pintura inacabada de Frida "Lo que el agua me dio", el
auto-retrato metafórico de lo que la vida le había dado - flotando en el agua
de la bañera - inmediatamente la calificó de surrealista innata y ofreció el
mostrar su trabajo en París.
Con Frida bañada, la narración está,
previsiblemente, llegando a su fin. Hacia
el minuto 6’30 se producen interferencias que bien podrían ser las interferencia
radiofónicas que se producen cuando la señal es defectuosa o cuando al ir en
coche entramos en un túnel y falla la
conexión, o cuando sintonizamos una emisora de forma manual… Pero, nuevamente,
desconfío de mi percepción a favor de las impresiones que me sugieren los
sonidos con arreglo a la situación que nos ha planteado Manuel Rocha. Él trata,
empero, de recrear un baño de la artista Frida Kahlo buscando la inspiración en
su cuadro titulado “Lo que el agua me dejó”, por lo que, puestos a conjeturar
en esta apasionante tarea de desentrañar los porqués de los sonidos, me atrevo
a apostar que el final no es tan siquiera real sino que es una dramatización en
aras de simular metafóricamente la angustiosa percepción de vacío y soledad de
la artista en consonancia con el vaciamiento de la bañera.
Análisis de
“Encuentros en la escalera”
La
segunda pieza que me escogido para analizar se titula “Encuentros en la
escalera blanca” y es mucho más sencilla que la de “el baño de Frida” desde el
punto de vista narrativo. Si en la primera, se evidenciaba un montaje técnico importante
por parte del artista, en esta se retransmite un paisaje sonoro en bruto, captado
directamente por la grabadora de su autor Pedro Garbellini. El programa en el
que fue emitida se llamó “Soundscape”, grabado el 21 de julio de 2013. No
obstante, la obra data de 2012 y tiene una duración de dos minutos y
medio.
Extracto descriptivo de la obra de
Pedro Garbellini
I've
never get so much in contact with my building like I've had when recording
those audios. The meetings with people, neighbors, in the stairs was very
funny. Also, i'm not very proud of, but, in silence, I recorded people in their
houses, through their door. And that was really nice! for me, being a very
curious man, to listen people eating, watching television, arguing and
laughing. A lot of knowledge of the place i live, the people and their habits.
Also, it made me noticed the fact that every 3 minutes a plane passes here! 10
years living here and never noticed that, pretty crazy no?
_____________________
Se inicia la narración con unos
cánticos de pájaros que nos remiten a un momento concreto de la jornada: la
mañana. La organización temporal del relato nos sitúa, por tanto, en un momento
y la organización espacial, lo cronológicamente posterior, en un lugar preciso:
el portal de un bloque o un edificio comunitario. Escuchamos voces humanas, el
murmullo de animadas conversaciones entre vecinos. No puedo saber qué dicen porque
no hablan en español y no percibo el acento, pero la palabra será un elemento
que, junto a los efectos sonoros y los ruidos que conforman este paisaje sonoro
del autor, tendrán vital importancia. Más adelante, las voces suenan nítidas y
puedo discernir que hablan en portugués.
La atmósfera que se recrea es más
cercana y mundana que la de la anterior pieza, que tenía ciertos elementos
surrealistas o enigmáticos. Los sonidos cotidianos, que normalmente nos rodean
pero que nunca nos tomamos la molestia de grabar, están presentes en toda la
narración. Escuchamos sonidos de las televisiones de los vecinos, de pasos
subiendo y bajando las escaleras, que se acercan y se alejan, de puertas
abriéndose y cerrándose, de llaves…Estamos siendo testigos de lo que sucede una
mañana cualquiera en la escalera del narrador, un narrador intradiegético que
intervendrá (desde dentro) en el segundo 47 para identificarse como ese testigo
que estaba escuchando lo que sucedía en silencio, sin tomar parte hasta este
instante. Los sonidos de la escena, las voces de los vecinos que interactúan
entre sí sonarán al mismo tiempo que oyen ruidos de fondo simultáneos: hay
sonidos de platos, quizá de una cacerola con agua hirviendo, sonidos de la
calle, sonidos de la naturaleza como la lluvia o los ladridos lejanos de un
perro…
En la última parte, el
protagonista/narrador se cruza con una vecina de forma inesperada, pues esta
exclama “qué susto”. Por la jovialidad y energía que irradia, diría que se
trata de una chica joven. A continuación, apreciamos una música a baja
intensidad, como si procediera de otro piso o fuera grabada desde lejos y más
sonidos de ambientación “hogareña”. Por último, pasa a primer plano una
melodía, algunas notas sueltas, separadas en el tiempo y carentes de ritmo o
frecuencia fija. Podrían ser emitidas por un instrumento metálico como es el
xilófono, que estaría tocado por un músico amateur, cuando no por un niño
curioso que enreda con los cachivaches que encuentra.
Este paisaje sonoro es la caricatura
de la escalera del narrador, el ambiente cotidiano de los habitantes de esas
viviendas, el ajetreo mañanero, la gente subiendo y bajando, entrando y
saliendo, haciendo las tareas del hogar, viendo la tele o charlando con sus
compañeros de piso… Son esos encuentros casuales de escalera, similares a las
conversaciones de ascensor sobre el tiempo que hace o las reiterativas
recomendaciones de madre. Sonidos, tan frecuentes en definitiva, que nadie
considera importante guardar ni recordar en un futuro, tal y como hacemos con
las imágenes en nuestros álbumes de fotos.
ARTE RADIOFÓNICO
Tras la escucha atenta de estas dos
obras sonoras, el oyente es capaz de aventurar las principales características
del arte sonoro y esbozar un primitivo
concepto de este género.
Lo primero que se deduce es que
estamos ante un discurso conscientemente elaborado, pensado para ser escuchado con atención, con el reposo y la contemplación que requieren las obras de arte.
Al mismo tiempo, apreciamos que el
discurso se vale de los mismos elementos
del lenguaje radiofónico que hemos visto a lo largo de todo el curso, puesto
que utiliza signos orales verbales (la palabra), musicales (la música), sonoros
(efectos sonoros) y silencios (esas ausencias de sonido que son susceptibles de
crear significado). El discurso contiene, por tanto, informaciones de tres
tipos: lingüística, cuyo valor es semántico, para-lingüística, articulada mediante
sonidos naturales o sonidos artificiales o no codificados, e información no
lingüística como es la música y el ruido.
Llegados a este punto y sabiendo que
el canal y los componentes del arte radiofónico son los mismos que los del
resto de géneros, la siguiente pregunta que hay que hacerse es dónde radica,
entonces, la singularidad del arte radiofónico, cuándo estamos ante una obra de
arte sonoro.
Manuel Rocha dirá que toda
manifestación del arte que utiliza el sonido como principal vehículo de
expresión está relacionada con el arte
sonoro y que necesita estar en constante cambio y auto cuestionamiento para
que no se convierta en una disciplina definida a partir de algunos parámetros
técnicos rígidos y escuetos. En su aproximación al término señalará a las artes
plásticas como las precursoras del arte sonoro. Así, en su escrito “Arte
Sonoro. Hacia una nueva disciplina”, antes de abordar el audio arte, habla de
esculturas e instalaciones sonoras, en primer lugar. Luego, en la categoría de
obra sonora incluirá a todas aquellas manifestaciones cercanas al mundo de la
música o que pueden tener que ver con la expresión de ideas a través del
sonido. De las radiofónicas enfatiza lo obvio, sin entrar en detalles: son
obras que las que han sido creadas para transmitirse por la radio.
José Iges, artista y compositor
madrileño, afinará el concepto, aportando también las claves para entender el
arte radiofónico. En su ensayo titulado “Arte radiofónico. Algunas líneas
básicas de reflexión y de actuación”, a radio le pone el calificativo de sensaciones, la hecha por artistas que aprovechan las posibilidades expresivas
inherentes al medio para la producción artística. Es el resultado de hacer radio con criterios estéticos y de crear
arte teniendo en cuenta lo específico de la radio. Con el fin de captar su
esencia, el autor aconseja abstraerse de la obra puesto que notar las
sensaciones que quiere transmitir el artista, implica distanciarse de la obra,
al igual que cuando vemos un cuadro en un museo. Lo miramos desde un lado, desde
otro, de cerca y de lejos hasta que nos hacemos una composición.
Al hacer radio se construyen imágenes mentales infinitas que
funcionan como la prolongación de nuestro sentido del oído y de la voz. El
hecho de escuchar es algo innato en el ser humano, que se encuentra inscrito en
nuestros genes como un modo de percibir el mundo que nos rodea. Sin embargo, a
lo largo de la historia, el sonido ha
perdido valor frente la palabra, el paisaje sonoro se desdibuja frente al
discurso y su significado. Sol Rezza acusa a los humanos, al individuo
tecnológico, de haber descuidado el mundo sonoro, un elemento que nos puede hablar de la identidad de una
comunidad, y que despreciamos arrinconándolo en el cajón de “los ruidos”.
Precisamente la construcción del discurso del radio-arte se basa en escuchar atentamente nuestro mundo sonoro
para expresarlo con libertad. Y en la expresión libre del artista, en el
proceso de construcción de las imágenes mentales mencionadas, asistimos a la abstracción
de una vivencia de su contexto
semántico. El discurso verbalizado
pasa a convertirse en puro sonido y generar otros significados. A lo que la
palabra daba nombre y cualidades explícitas, se le pueden dar otras
interpretaciones- “otros pensamientos para esos objetos” en palabras de
Duchamp- Así, desaparece la función informativa predominante en la radio y la
hegemonía de la palabra en virtud de la función
sensorial, es decir, de los sonidos que provocan sensaciones.
Marshall McLuhan, célebre teórico en
el campo de la comunicación y al que se le atribuye la famosa cita “El medio es
el mensaje”, creía en la potencialidad de los medios de comunicación para adoctrinar a las masas mediante sus
formas de enunciación, no sólo a través de sus enunciados. Los medios no son inocentes
instrumentos de representación del mundo o portadores mensajes, bien al
contrario. Son mensaje en tanto que configuran un auténtico código de comprensión cultural. Cuando
se elabora un discurso para la radio hay una mediación entre la realidad y lo
representado, existe una negociación de
sentidos entre sujetos. Gracias al consenso a la hora de seleccionar temas
y combinar los elementos del lenguaje, se configurarán determinados discursos y
espacios que reconocemos como géneros autónomos en la radio. Con su acción
consciente en el medio, el artista busca
veces muchas romper estos esquemas preconcebidos, a fin de dar al contenido de
su propuesta una mayor capacidad de “extrañamiento”. La estrategia comunicativa de “interferir” en la parrilla de
programación, alterando los contenidos y las formas bajo las que se nos
presentan los mimos, produce un extrañamiento en el oyente- una sorpresa si se
quiere llamar así- que conlleva el forzoso cuestionamiento de su manera
convencional de decodificar los mensajes. Dicho de otra manera, aunque tomando
como base las apreciaciones de José Iges,
una de las repercusiones buscadas por el arte sonoro en la radio es la
creación de “espacios para la otredad”,
reformulaciones estéticas de los géneros propios.
Esta existencia de espacios novedosos
y la abstracción a la que me referí en el párrafo anterior, aumenta las
probabilidades de que necesitemos escuchar las obras sonoras más de una vez
para identificar qué es lo que suena y qué se nos quiere contar. Esto se
produce por desconocimiento, porque no estamos familiarizados con los sonidos,
porque el montaje no permite decodificarlos o porque, simplemente, han sido
colocados junto a otros que nos distraen al no vincularlos jamás en el mismo
contexto. Asimismo, la mezcla de formatos y el enmascaramiento de alguno de
ellos bajo otras apariencias pueden llevar a confusiones en una audiencia que
no está familiarizada con la innovación en las emisiones de radio. Un ejemplo
paradigmático fue la ficción de Orson Welles de la Guerra de Los Mundos,
contada como si fuera una crónica. En la actualidad, los géneros publicitarios
son los que más se atreven a interferir y experimentar en este sentido. De
todas formas, conviene recordar que la publicidad persigue fines comerciales
frente al arte sonoro que es pura expresión, y además contribuye a financiar
los canales en los que se emite. Su presencia, con independencia de la forma
que adquiera, está justificada en términos económicos.
Lo que no nos queda tan claro es la
pertinencia del arte radiofónico en broadcast,
donde priman los contenidos informativos
y la programación está condicionada a la fugacidad del medio, al
tiempo presente de la emisión y a la lógica del beneficio imperante en
todos los medios de titularidad privada. Estos inconvenientes intrínsecos que
posee la radio, sumados a la pérdida del
hábito de la escucha por efecto de la desaparición de la radio cultural, dejan al radio-arte en un lugar de desventaja
frente a otros géneros. Por ello, a nadie extraña que se haya fomentado muy
poco en la radio comercial europea.
Sin embargo, el panorama actual es
bien distinto desde la aparición de Internet y las nuevas formas de producción
y reproducción. El oyente es dueño y señor de todo lo que escucha: escoge qué y cuándo va a
escuchar un contenido, configura su playlist
de podcast a la carta. El podcast
ha inmortalizado los contenidos radiofónicos que se suben a la red, de forma
que el consumidor puede escuchar una pieza las veces que quiera o escuchar sólo el fragmento que decida. Se ha eliminado,
por tanto, la condición sine qua por
la que todo contenido radiofónico era efímero.
Con todo, parecería que, por un
lado, la radio on demand, dadas sus posibilidades de escucha personalizada, se
postula como la mejor opción para escuchar radio-arte en el presente y en el
futuro próximo y, por otro lado, la acción personal de cada individuo
concienciado acerca de la importancia de preservar nuestro entorno sonoro, y
dispuesto a dar testimonio del mismo, sería la forma de cultivarlo y
perpetuarlo.
Bibliografía.
Textos consultados
Bibliografía.
Textos consultados
- ROCHA, Manuel: Arte Sonoro. Hacia una nueva disciplina
- Sobre el discurso radiofónico
- IGES, José: Arte radiofónico. Algunas líneas básicas de reflexión y actuación
- REZZA, Sol: El oficio del cuidador de sonidos
No hay comentarios:
Publicar un comentario